El departamento de cooperación de la Fundación lleva funcionando 14 años. ¿Cómo valoras la progresión de los proyectos en este tiempo?

Con los años, hemos ido especializándonos más y, dado que conocemos mejor la realidad en la que trabajamos, hemos podido ir “afinando” más en nuestras acciones, haciéndolas más cercanas a las necesidades de la población meta. Además, nos hemos ganado la confianza de las organizaciones y organismos del ámbito de la discapacidad intelectual, por lo que nuestros cursos y actividades formativas son muy valorados y solicitados. Personalmente, he tenido la suerte de trabajar varios años con las mismas personas, por lo que recibo de primera mano y con mucha confianza y cariño sus opiniones y sugerencias, lo cual me ha permitido tener diferentes “versiones” y ampliar mi visión tanto de los países en los que trabajamos como del sector de la discapacidad específicamente.

¿Qué países, con los que colaboráis, necesitan impulsar más sus políticas de integración de las personas con discapacidad y por qué?

Yo diría que… ¡todos! En realidad, prácticamente todos los países de Latinoamérica han firmado la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad, lo cual, evidentemente significa un compromiso. Ahora bien, a pesar de que la Convención implica cambios en las legislaciones nacionales, no siempre se han producido o, si se han producido, no se llevan a cabo todavía. Es cierto que muchos de estos países tienen legislaciones nacionales “sobre el papel” muy avanzadas, pero probablemente por ello, muy alejadas de su realidad y por lo tanto, sentidas en muchos casos, como inalcanzables. Es necesario apoyar a quienes están en esa “lucha” por seguir dando pasos hacia el respeto de los derechos de las personas con discapacidad intelectual que, afortunadamente y aunque a veces son complicadas de encontrar, existen en todos los países.

¿De los proyectos que estáis desarrollando, cuáles están dando mejores resultados?

Trabajamos en el fortalecimiento a las personas y grupos que, por su propia iniciativa, trayectoria vital, vocación o lo que sea, ya estaban intentando contribuir al cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad, especialmente intelectual. Yo creo que esa es la clave: aportar nuestra experiencia a personas y grupos que la estaban buscando y pidiendo y que tienen una experiencia en este campo, y también escuchar lo que tienen que aportar, sus dudas, sus certezas que también nos hacen replantearnos cosas. Yo estoy particularmente contenta con la respuesta que han tenido nuestros proyectos de formación especializada entre las maestras y maestros de educación ordinaria, que ya están recibiendo niños y niñas con necesidades educativas especiales y realmente “no saben qué hacer con ellos”. Además, en El Salvador, por ejemplo, las maestras de educación especial y las de educación ordinaria han empezado a establecer lazos (han compartido la formación) muy interesantes y enriquecedores y que sin duda, van a significar una mejora en la calidad de la educación de sus niños y niñas con y sin discapacidad.

¿De qué manera involucráis a las familias de personas con discapacidad en los proyectos?

Son parte fundamental. Al principio de la ejecución de nuestros proyectos, siempre nos reunimos con varios grupos focales para contarles nuestras ideas y recibir las suyas y así completar el proyecto. Entre esos grupos siempre hay grupos de familiares. Lo que me he encontrado ha sido siempre gente con ganas de aprender, con miedos y prejuicios (totalmente normales y comprensibles) pero más causados por las opiniones “profesionales” externas que por sus propias vivencias con sus hijos, nietos o hermanos. Trabajar con las familias siempre ha sido una gran lección. Suena a tópico, ¡pero es totalmente cierto!

¿Qué perfil de colaboradores, tanto a nivel nacional como internacional, necesitáis para desarrollar vuestros proyectos?

Organizaciones que conozcan el tema de la discapacidad intelectual y tengan ganas de seguir aprendiendo y compartiendo su experiencia, y también que tengan una cierta estructura que permita la gestión de los proyectos.

¿Con qué entidades trabajáis, y a qué nivel, para el desarrollo de vuestros proyectos?

Hemos trabajado con organizaciones de la sociedad civil, tanto de formación como de atención directa a personas con discapacidad, y también con universidades que trabajan el tema de la discapacidad a través de sus carreras (Educación Especial, fundamentalmente) y de los Departamentos de Cooperación o de “Extensión Universitaria”, etc. Lo importante es que nuestros socios locales tengan experiencia en el tema de la discapacidad intelectual y conozcan bien el sector a nivel nacional, porque les pedimos que convoquen a todas las organizaciones y/o colegios que puedan. Intentamos crear redes. El socio local, tanto para esto como para todo, es fundamental. Con las coordinadoras locales, en general, he tenido la enorme suerte de establecer una relación de confianza, de diálogo y aprendizaje mutuo que valoro enormemente.