La música es una disciplina artística que se utiliza en el trabajo con personas con discapacidad por sus efectos positivos, produciendo relajamiento o acción y creando una atmósfera de alegría y confianza. La música enriquece la vida, y por este motivo es necesario que rodee a la persona con necesidades especiales con un ambiente rico y controlado en estímulos. Esta experiencia sensorial le va a proporcionar un desarrollo emocional, psíquico, fisiológico y social equilibrado. Crear nuevos caminos y ampliar el mundo imaginario son también puntos clave donde la música puede aportar grandes beneficios a las personas con discapacidad intelectual. Además, implica un lenguaje no convencional, diferente al que estamos acostumbrados, y puede abrir puertas para una comunicación diferente, real, abierta y sincera donde cada persona crea su propio camino de expresión frente a sí mismo y a los demás.

Podemos considerar la musicoterapia como la terapia basada en la producción y audición de la música, escogida ésta por sus resonancias afectivas, por las posibilidades que da al individuo para expresarse a nivel individual y de grupo, y de reaccionar a la vez según su sensibilidad, y también al unísono con los otros. La musicoterapia ayuda, pues, al desarrollo de capacidades básicas como la atención, la percepción sonora y la memoria rítmica.

A través de la música se puede trabajar en diferentes ámbitos de las personas con discapacidad intelectual. Si hablamos del área emocional, la musicoterapia puede ayudar a fomentar la autoestima individual al tiempo que libera energía y sentimientos que pueden permanecer reprimidos. Asimismo es un mecanismo que facilita la creatividad y desarrolla la imaginación.

En cuanto a la función cognitiva, estimula la memoria, promueve la utilización del pensamiento simbólico, mejora la percepción auditiva y fomenta el impulso de la propia iniciativa en el campo de la comunicación y de la expresión. Si hablamos del campo físico, el uso de la música reduce el nivel de ansiedad, mejora la coordinación óculo manual y fomenta la lateralidad y el esquema corporal en general. Por último, en el área social, facilita las relaciones con los otros, mejora tanto la afectividad como la conducta participativa y ayuda a asimilar las pautas del comportamiento social: los tiempos de espera, el respeto de los turnos, la función del diálogo, etc.

Para todo ello, la musicoterapia se vale de diferentes técnicas entre las que se encuentran las técnicas de improvisación, que pueden ser libres o guiadas y con instrumentos o voz. Pero hay también otros recursos que se utilizan como la grabación, los viajes musicales o la relajación dirigida con música.

Porque, como dijo Joseph Addison: “La música es el mayor bien que los mortales conocen y todo lo que del cielo tenemos aquí abajo”